Flores y espinos

A veces se me cruzan aquellos pensamientos, donde no hago caso a dar un último abrazo y donde los "te quiero" no salen de mi boca.
Se me cruzan, porque los he negado tantas veces, cuando quizás, en el fondo de mi alma los he deseado tanto. Es un poco triste sucumbir ante tal frialdad, quizás no mal intencionada, pero si indiferente a los sanos deseos de un alma que lo único que quiere es sentirse amada...o quizás perdonada.
Me aterra el hecho de no volver a poder abrazar las flores y espinos de mi jardín, y que estas se marchiten antes que mis deseos sean lo suficientemente fuertes como para romper las barreras del silencio y los imaginarios momentos incómodos que se atreve a crear mi mente, para obstaculizar los sutiles aromas del abrazo fraterno y las tiernas palabras.
No quiero convertirme en lo que nunca he deseado, pero a veces siento que pierdo la batalla, quisiera ser llenado por aquel amor de Dios del que tanto he leído, y así poder sonreír de forma extraordinaria a todos por igual. Lo único que sé, es que nunca será suficiente, porque con mucho amor podemos preparar el terreno para nuestras flores, y con mucho amor las podemos regar, pero hay algo que siempre proviene de lo alto que es esencial e insustituible el cual solo Dios puede saciar.
O quizás Dios, con su infinita gracia y misericordia, nos regale un poquito de sus destellos de luz para ayudarle a quitar las escamas de la indiferencia a otros. Él nos hace brillar para que ayudemos en el áspero camino de la vida a otros, mientras les tomamos de la mano y les conducimos al más sublime maestro de las estrellas.
Y me aterra el hecho de no estar cumpliendo con esta hermosa voluntad, de amar a otros para que ellos puedan encontrar aunque sea un poquito del infinito amor que Dios tiene destinado para cada uno de nosotros.
Me aterra que mi sonrisa se apague por las indiferencias de la vida... Me aterra cansarme de nadar contra corriente, e ignorar las flores y espinos, de aquel jardín que Dios me ha permitido tener.
Supongo que nunca será suficiente para retribuir lo mucho que Dios nos ha amado, y nunca podremos amar a otros como Él nos ama, pero quizás lo más valioso que podemos darle a Dios, es nuestra incansable voluntad por obedecerle aún cuando no tengamos fuerzas. Quizás en los momentos de nuestras mayores carencias, es donde se pone a prueba verdaderamente aquel mandamiento de amar a Dios con todas nuestras fuerzas, toda nuestra mente y todo nuestro corazón, ¿a caso sabremos cuales son nuestros limites sin ponernos a presión? ¿Cómo sabemos que lo estamos dando todo? ... Caer es posible, pero rendirse no es una opción, Dios es lo suficientemente justo para reconocer nuestros límites, y aún cuando en vida no sepamos comprender las injusticias a las que nos sometemos y nos sintamos profundamente incomprendidos, el sabrá darnos las fuerzas necesarias, además de comprendernos y explicarnos con mucho amor. Al final de la historia, nos mostrará el complejo panorama de la vida y el universo cuando estemos con él, y quizás nos acordemos y repitamos aquellas palabras de Job: "De a oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven" (Job 42:5)
Por eso aún cuando nuestros argumentos sean válidos desde nuestra pobre perspectiva humana, y aunque el cansancio y el desánimo sea evidente, no nos cansemos de cuidar nuestro jardín... nuestras flores y espinos nos necesitan.

Que rajado Rugama. Justo hoy sentía que debía usar Jon 42:5 para exponer el tema que Dios me dio para la reunión de mañana. Y justamente este párrafo lleno mi corazón de un reto alentador.
ResponderBorrarY me aterra el hecho de no estar cumpliendo con esta hermosa voluntad, de amar a otros para que ellos puedan encontrar aunque sea un poquito del infinito amor que Dios tiene destinado para cada uno de nosotros.
No hay coincidencia en que haya decidido leer este post. Un gran saludo estimado.
Hola mi estimado, me alegra mucho de verdad que ese pequeño parrafo te haya llenado el corazón de ese gran reto que nos dejó Jesús hace mucho tiempo, un reto difícil sin duda alguna, por el cual debemos de luchar cada día de nuestras vidas en cumplir, aunque cueste, aunque no tengamos deseos, y aunque humanamente hablando tengamos nuestras razones para no amar. Es un reto hermoso, pero sin duda muy difícil, que Dios nos acompañe y nos siga dando sabiduría. Un abrazo a la distancia mi estimado :)
BorrarAmigo. Mis lágrimas salieron a flote, cuando leí el último párrafo. Me siento muy identificada con estos textos. Gracias por escribir ❤️
ResponderBorrarGracias a vos por leer :) , Dios se glorifica aún en medio de las lagrimitas que flotan! :') , así que Gloria a Él :)
Borrar