¿A dónde te vas esperanza mía?

    


¿A donde te vas esperanza mía? Bailemos juntos y tropecemos con los temores y miedos, para reírnos nuevamente al coronar la victoria. 
    No te vayas esperanza mía, lucha conmigo este camino al cual llamamos vida. Ayúdame a dejar huella, mientras trato de enamorarme del presente sin pensar más allá del horizonte.
    No te vayas esperanza mía, tu me ayudas a enfocar mi mirada en lo importante. No te vayas ¿En quien me convertiré yo sin ti?...¿Quizás en el señor de la indiferencia? ¿Cuáles montañas me atreveré a subir sin ti esperanza mía?
    La desilusión me persigue, no te vayas... luchemos juntos y abracemos de nuevo el mañana y el porvenir. Ayúdame nuevamente a tocar puertas... aquellas puertas que nunca se abrieron ante nuestra dulzura. ¿Te acuerdas de aquel dolor y aquellas lágrimas que brotaban de nuestros ojos?... Quizás cometí el error de forzar la cerradura.
    Aunque a veces el pasado duele, y los recuerdos parecieran ser olvidados por el viento, ya las palabras no tienen el mismo valor, pues la inspiración se ha ido con el anhelo del mañana.
    Pero...aunque a veces veo mis anhelos sin esperanza e ilusión, lo que quisiera tan solo es embarcarme en nuevos horizontes, reiniciando mis sueños y mi manera de imaginarme en el futuro. Quisiera esperanza mía, no esperar nada de nadie y desaparecer por tiempo indefinido. Quisiera sentarme en una nube para que esta absorba mis lágrimas y decepciones...y todas aquellas heridas que en mi pobre suficiencia humana no he podido curar.
    Pero en el fondo... lo que necesito es sentarme en esa nube y abrazarte profundamente esperanza mía... para ver nuevamente hacia el horizonte con una sonrisa... una larga sonrisa que sea difícil de apagar. 
    Quisiera darle la espalda a muchas cosas y olvidarme de muchas otras, pero quizás forzar el olvido sea como una de aquellas puertas de las que ahora me arrepiento haber forzado su cerradura.
    Ahora solo quiero que el tiempo pase, pero quiero que pase contigo mi querida esperanza, para que me defiendas de la indiferencia que toca a veces a mi puerta. 
    Recuérdame la dicha de buscarte y de nunca claudicar a pesar de mis caídas. Sé que a veces pienso que te has ido, pero quizás el descuidado he sido yo al olvidar que estarías conmigo por siempre. Quizás no quiero a veces reconocer que veo desde mi dolor... y por eso te veo lejana, como si te hubieras olvidado de mis penas y desdichas... aunque piense que te has ido, recuérdame que estas más cerca que nunca...esperanza mía. 



5 ¿Por qué estoy desanimado?
¿Por qué está tan triste mi corazón?
¡Pondré mi esperanza en Dios!
Nuevamente lo alabaré,
¡mi Salvador y 6 mi Dios!

Ahora estoy profundamente desalentado,
pero me acordaré de ti,
aun desde el lejano monte Hermón, donde nace el Jordán,
desde la tierra del monte Mizar.
7 Oigo el tumulto de los embravecidos mares,
mientras me arrasan tus olas y las crecientes mareas.
8 Pero cada día el Señor derrama su amor inagotable sobre mí,
y todas las noches entono sus cánticos
y oro a Dios, quien me da vida. Salmos 42:5-8


 

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