Un poco sobre la esperanza...
La Esperanza

¿Saben una cosa? Vivimos en un
mundo bastante contradictorio, bastante hiriente muchas veces… En el fondo de
nuestra alma anhelamos ser felices y muchas veces para conseguir esa felicidad
pisoteamos a quien tenemos a nuestro lado, y miramos con desprecio a quienes se
encuentran luchando igual que nosotros. Diariamente gastamos nuestro dinero en
cosas quizás innecesarias mientras otros mueren de hambre o necesitan de las
cosas que a nosotros nos sobra, aún así muchas veces nos atrevemos a decir que
la vida muchas veces es injusta con nosotros…. Y no estoy negando que lo sea,
vivimos en medio de injusticias y sin sabores que poco a poco nos quitan la
esperanza y nos quiebra el corazón en pedazos una y otra vez. Yo, sinceramente
nunca he sufrido de hambre de forma seria, pues siempre hay de qué comer en mi
casa (Gracias a Dios), también tengo mis extremidades completas, aunque he
sufrido numerosos accidentes y caídas. Día con día me doy cuenta de lo bueno
que Dios ha sido conmigo en las múltiples facetas de mi vida. Para darme cuenta
de esto y ser verdaderamente consciente de lo bueno que ha sido Dios, muchas
veces he tenido que pensar en el pasado y afanarme (erróneamente) con el futuro
mientras miro al techo de mi cuarto, muchas veces sin esperanza y hundido en
grandes tristezas por cosas quizás insignificantes. Sufro día con día del
llamado “sobrepensamiento” u “Overthinking” (en inglés), con pensamientos
innecesarios para mi presente, muchas veces no puedo ni estudiar ni atender mis
deberes diarios con diligencia porque me he encontrado hundido divagando en lo
que fue y lo que ´puede llegar a ser. He tenido que lidiar con pensamientos de
suicidio, que, aunque sé nunca se van a materializar, han llegado a ser
bastante fuertes producto de mis depresiones o ansiedades. Parte de las razones
de mis depresiones ha sido por pensar en las actitudes de las personas y lo
injusto que a veces es el mundo… tan incongruente y superficial. En mi niñez y
parte de mi etapa de la escuela yo fui muy agresivo, porque tenía la extraña
filosofía de vida que cada mal trato que me hicieran lo iba a devolver e iba a
responder incluso peor de como me trataban. Rápidamente al entrar al colegio me
di cuenta de que había sido una persona orgullosa y de que la razón del porque
me encontraba sin amigos era producto del “Ojo por ojo y diente por diente” que
había aplicado en mi vida diaria durante mi etapa inocente de la niñez y parte
de la adolescencia.
Hoy por hoy, puedo decir que
muchas de las actitudes que tuve en la niñez y adolescencia quizás era mi respuesta
a mis problemas en el hogar y las constantes discusiones entre mis padres.
Comencé a interiorizar ese extraño pensamiento de “ya no me importa nada” (que
gran mentira), pues aunque en mis
actitudes hacia ver que no me importaba
nada (en el fondo si me importaba), es una de las razones por las cuales no
creo en esa frase, simplemente muchas veces nos queremos hacer los fuertes,
dándole lugar al orgullo, cuando en el fondo de nuestra alma somos seres
frágiles que sienten y se moldean conforme a los tratos de los demás, muchas
veces nuestra alma grita un abrazo, una sonrisa y una palabra de aliento. Pero…
mientras hacemos ver con nuestras actitudes que no nos importa nada, no solo
cometemos el error de convertirnos en alguien que realmente no somos, sino que
cuando nos convertimos en esa persona indeseable nos convertimos en uno más… en
uno más que se convirtió en aquello que tanto criticaba, porque cuando nos lastimaron
muchas veces nos cuestionábamos: ¿Por qué esa persona reacciona de esa forma?
¿Por qué me tratan así? … Y mientras tan solo lo que necesitábamos era un
abrazo, una palabra de aliento o un buen trato, el mismo dolor y la tristeza
causada por quienes forman parte de este ciclo que pasa muchas desapercibido
por el mundo y la sociedad actual, nos aleja de todo aquella de lo que nuestra
alma necesita, es decir, de toda fuente de esperanza que nos renueva para
seguir luchando este camino al que llamamos vida.
Antes de continuar, quiero
aclarar que creo en Jesús y me considero una persona Cristiana, es decir: una
persona que se rige y trata de pensar y actuar bajo los principios implícitos y
explícitos que se encuentran en la Biblia y que apuntan todos hacia la vida de
Jesús y su obra redentora, producto del amor de un Dios grande, amoroso y poderoso.
Y digo “tratar”, porque realmente esto de seguir a Jesús no es cosa fácil, soy
un Ser Humano que falla múltiples veces de formas variadas a mi familia, amigos
y Dios mismo. Y escribo esto porque de
algún modo siento que puedo generar algún aporte sobre la esperanza, que al
final es producto de esa misma esperanza que tengo en Jesús quien ha sido mi
fortaleza a lo largo de mis últimos imperfectos 4 o 5 años de vida. No quiero
que solo por expresar esto, usted mi estimado lector desprecie lo que tengo por
expresarle más adelante de este párrafo.
He notado como muchas personas tanto
Cristianas como no Cristianas, se han visto un poco desilusionados de la vida,
cansados por el mundo y reacciones de las personas que se desenvuelven en un
mundo cada día más injusto, donde cada cosa pareciera estar al revés y donde interactuamos
muchas veces bajo intereses que nos llevan a convertirnos en personas
indiferentes, ajenas a una realidad que clama por verdaderos amigos y buenas
personas. Nos hemos vuelto personas reactivas a lo malo y no a lo bueno, es
decir, tenemos poca capacidad para a veces separar lo malo de lo bueno, o
quizás hacemos esa separación de forma consciente, pero de forma inconsciente y
quizás extraña, nos convertimos o nos dejamos moldear por lo malo. Somos
sumamente influenciables, y hemos normalizado lo que no deberíamos de
normalizar, pues diariamente vemos muertes e injusticias y llegamos a pensar
que es algo inevitable o que es inherente a nosotros como Seres Humanos, vemos
relaciones rotas de amigos, de noviazgos y de esposos y normalizamos todo
aquello. Muchos lo dejan pasar, otros sienten profunda tristeza y dicen que la
vida no tiene sentido y los que estamos llenos de esperanza nos callamos porque
simplemente nos sentimos bien, al final somos un poco individualistas con los
criterios que tenemos, porque tan culpable es el que se da por vencido, como el
que no actúa. Lo que quiero dar a entender es que todos tenemos algo de culpa
por las injusticias que ocurren en el mundo. Siendo conscientes de esto ¿En que
posición nos encontramos? ¿Qué vamos a hacer? ¿Será que simplemente vamos a
dejar que el curso de la vida en general venza ese deseo y anhelo de justicia
de nuestra alma? ¿Será que somos tan mediocres como para darnos por vencidos y
no tratar de dejarle un mejor futuro a nuestros hijos?
Muchas cosas tienen respuestas
obvias y simples ¿saben? Pero estamos tan afanados en conseguir dinero, en
alimentarnos y saciarnos, pero tan pocas veces gastamos nuestro tiempo en
sacrificarnos y dejar de lado lo que tenemos que hacer diariamente y le damos
la espalda a esa sed de paz y de justicia… o simplemente no buscamos lo que
anhelamos, no tratamos a lo demás como queremos ser tratados. La esperanza se
nos va cuando pensamos en exceso y dejamos que la vida se nos vaya poco a poco
mientras estamos en las redes sociales, absurdamente comparándonos unos con
otros y viendo quien tiene el mejor argumento para alimentar el ego y
absurdamente creer que somos superiores a otros. Nos gusta que de algún modo
nos alaguen y nos aplaudan cuando digamos algo, cuando en el fondo nuestras
intenciones por cambiar el mundo no son genuinas, podemos decir algo bonito y
motivador, pero seguimos tratando en nuestros hogares a nuestra familia de una
forma que no es digna (de forma humilde admito que he caído en esto, pero trato
de corregirlo día con día), sin capacidad de control sobre nuestras emociones y
de lo que estas generan a la hora de hablar y de actuar. Nuestra integridad a
veces es nula, porque nos dejamos llevar por nuestro individualismo e intereses
de solo un momento pasajero, a veces simplemente tratamos bien a las personas
para aprovecharnos de ellas y serrucharles el piso más adelante, cuando ya
hemos obtenido lo que queremos. Y las víctimas ¿Qué hay de las víctimas? Yo he
sido víctima, pero también admito que de alguna u otra forma he actuado para
obtener algún beneficio personal, creo que de alguna manera siempre fallamos,
siempre nos fallamos unos a otros, podemos ser motivo de esperanza o
desesperanza. Creo que sin importar nuestro pasado o nuestros errores, lo
importante es que siempre estemos dispuestos a corregirnos de forma mutua, a
escucharnos de forma sincera creyendo que nosotros podemos ser mejores y este
mundo también.
Por diferentes motivos familiares
y circunstanciales a mi me ha tocado cuidar a mi abuela, ella es una persona
que padece de esquizofrenia, toda aquella persona que ha tratado con una
persona que padezca de esta enfermedad, quizás pueda entender más a fondo lo
difícil que es lidiar con una persona así, lo anterior sumado a la edad e
incluso a la propia personalidad de mi abuela, es sumamente difícil. Mi abuela
es una persona que actualmente no hace nada, antiguamente alguna vez fue
profesora de matemáticas, cuando fue muy joven, según cuenta mi tía (la hermana
de ella, viene a ser mi tía segunda, porque en realidad es tía de mi papá) fue
una mujer muy linda, a temprana edad pierde uno de sus primeros hijos (quien sería actualmente
uno de mis tíos), mi tía dice que a partir de ese momento todo comenzó a
empeorar. El punto es que se vio sucumbida por esta enfermedad, con sus puntos
altos y bajos muchas veces, sufriendo a veces de forma incongruente y sin
sentido desde la perspectiva de una persona sana y con todas sus facultades
mentales. Digo yo, que mi abuela es una persona sumamente triste y también sin
esperanza, lo que la lleva incluso a caer en desesperación y en sus picos donde
entra en crisis, llega incluso a insultar a las personas que tiene al redor sin
motivo alguno… personas que le sirven y que tratan de hacer de su vida un poco
mejor, de verdad que es realmente difícil tratar con ella… a veces ella
manifiesta creer en un Dios que la va a sanar, y otras veces lo insulta con
todas sus fuerzas y a todos quienes nos encontramos a su alrededor. Un día yo
estaba muy cansado de escucharla, estaba cansado de tratar con ella, estaba
cansado de cada insulto que había recibido por parte de ella, estaba sumamente
enojado con mi familia, por haberme delegado esta responsabilidad a mí… en
parte también estaba un poco enojado con Dios, lo consideraba realmente injusto,
ese día me encerré en mi cuarto, para dejar de escucharla y quizás para que se
me bajara el enojo que me tenía… no tenía tiempo ni para estudiar, pues soy de
esas personas que necesita silencio absoluto para poder concentrarse. Dentro de
mis preguntas hacia Dios en ese momento eran: ¿Por qué me toca a mi esto? ¿Por
qué tengo que ser yo? En ese momento tenía ganas de llorar de la misma rabia
que me tenía en ese momento, y como había dejado de escuchar o ponerle atención
a mi abuela, casi que en paralelo paso algo que me impacto mucho, pues mi
abuela comenzó a gritar: “Ayúdame Dios mío! ¡Ayúdame!” Y mientras yo le hacía
esas preguntas a Dios, vino una respuesta muy directa y casi que audible:
-
¿Escuchas
a tu abuela? ¿La escuchas? Estoy seguro de que si la escuchas, esta clamando a
mí, y vos sos quien esta cerca de ella, VOS SOS MI RESPUESTA A ELLA. Vos sos la única fuente de esperanza que
tengo a su alcance en este preciso momento.
En ese momento mis lagrimas
brotaron de mis ojos, porque de algún u otro modo con esas pocas palabras, Dios
me hizo ver que de algún u otro modo me estaba comportando de forma indiferente
con mi abuela, e incluso al llamado que Dios tiene para nuestras vidas, es
decir, a ser fuentes de luz y sal…con mi quejadera simplemente estaba negando
de quien proviene mi esperanza. Dios simplemente quiere eso para quienes le
conocemos, o sea, que compartamos su amor, su esperanza y todo lo bueno que de
él hemos aprendido. Ya hace más de 2000 mil años él me advirtió que iba a ser
insultado, traicionado… me advirtió de que el camino no iba a ser fácil y su
propio hijo Jesús sufrió al mayor de los extremos, insultado y vituperado por
su propio pueblo, su misma familia dudaría de él en numerosos instantes, sus
más íntimos amigos no estarían con él en los momentos más duros ,pero él siguió
adelante. Quede totalmente desarmado ante la respuesta que estoy seguro Dios me
dio. Luego, reflexionando más a fondo, me di cuenta de lo importante que es
mantener firme nuestras esperanzas, al menos de mi parte, procuro poner mi
esperanza en Dios, pues es él único que nunca me ha fallado a lo largo de mi
vida, de alguna manera Él siempre ha estado ahí, protegiéndome y enseñándome de
su amor, paz y sabiduría.
Pienso que los planes del enemigo es quitarnos
toda fuente de esperanza, de algún modo cegarnos para que también actuemos de
esa misma forma, en la que el orgullo nos lleve a actuar de forma indiferente.
No digo que esto sea igual para todos, otros son valientes y se atreven a nadar
contra corriente, pero hay otros que ven el mundo con sus heridas, y por
ende de algún modo reaccionan de forma
defensiva e incluso ofensiva (como lo hice en la etapa de mi niñez). O también,
puede pasar que simplemente actuamos de forma pasiva, aceptando lo que pasa o
apartándonos de todo, nos volvemos indiferentes y dejamos de creer en el poder
nuestras palabras o del cambio que podamos llegar a generar con nuestros dones
o talentos. En todos los casos hay que tener mucho cuidado, debemos de saber
identificar cuando hay duda y falta de esperanza en una persona, para ayudarle
de algún modo, quizás hablando…quizás simplemente escuchándole y demostrándole
que hay todavía algo de humanidad. Ojo, también creo que tenemos un límite, y
definitivamente hay luchas de las cuales debemos de saber retirarnos para
cuidar nuestro corazón, es decir, nuestros pensamientos y nuestra propia alma,
es parte de la ayuda que muchas veces le debemos de pedir a Dios, saber en que
luchas meternos y cuales no. Hay cosas que podremos hacer solos, en otras cosas
deberemos reconocer que simplemente necesitamos ayuda de nuestro prójimo para
sacarlo adelante. Muchas veces tendremos que cambiar de estrategia, otras veces
retirarnos para volver otro día, también pedir consejo para luchar sabiamente,
pero de algo estoy seguro es que muy rara vez o quizás nunca debemos de
rendirnos y perder la esperanza. Porque más bien eso es lo que el mundo
necesita y clama.
Escribo todo esto porque de algún
modo siento que a veces somos bombardeados constantemente a no tener esperanza
en nada, todo es un ciclo perverso que nos encamina cada día a senderos
indeseables. Me entristece escuchar a mujeres sin esperanza a encontrar un
hombre bueno y fiel, entiendo que los hombres como tal hemos fallado a la hora
de relacionarnos con ustedes las mujeres, pero me entristece como muchas bajan
sus estándares porque simplemente se rindieron de esperar o tener posibilidades
de encontrar un hombre bueno que cumpla con sus expectativas. Siento que la
falta de esperanza nos transforma o nos lleva a caer en la mediocridad, y
muchas veces la he experimentado hasta con cursos de la Universidad… y aunque
pueda parecer gracioso, la realidad es que pueden sucedernos cualquier cantidad
de cosas que nos lleven a flaquear con relación a las esperanzas que tenemos en
la vida, sin embargo, Pablo nos exhorta que a pesar de todo, mantengamos firme
nuestra esperanza que nos da la salvación (la más importante de todas):
“También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades porque sabemos que nos ayudan a desarrollar resistencia. Y la resistencia desarrolla firmeza de carácter, y él carácter fortalece nuestra esperanza segura de salvación. Y esa esperanza no acabará en desilusión. Pues sabemos con cuánta ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con su amor” Romanos 5: 3-5
“También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades porque sabemos que nos ayudan a desarrollar resistencia. Y la resistencia desarrolla firmeza de carácter, y él carácter fortalece nuestra esperanza segura de salvación. Y esa esperanza no acabará en desilusión. Pues sabemos con cuánta ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con su amor” Romanos 5: 3-5
Realmente todo lo que pasamos en nuestra
vida es para formar nuestro carácter, es decir, la forma en que reaccionamos,
nuestra personalidad en sí misma. Nada pasa por casualidad, aún las cosas malas
pueden servir para reconstruirnos y ayudar a otros a construirse de forma sana,
lo que pasa es que hay ciertas cosas que no nos permiten transformar lo bueno
en malo, pues esta casi que inherente en nuestra naturaleza devolver mal por
mal, en vez de bien por mal. La Biblia claramente expresa que devolvamos bien
por bien y que tratemos a los demás como queremos que nos traten, ¿no han
notado que casi siempre hacemos lo contrario? Y pues, es muy fácil determinar
las razones: el orgullo, la mentira, la envidia, la avaricia, los chismes… Son múltiples
las razones, pero hay algunas de las mencionadas anteriormente que permitimos
que se normalicen en nuestra vida por razones a veces absurdas. Mentimos por
dinero, y envidiamos porque otros tienen cosas mejores que nosotros, hasta podemos
sentirnos orgullosos y nos duele pedir perdón por temor a expresar debilidad. No
decimos la verdad, porque implicaría revelarnos o dejar en evidencia como
somos, lo que en el fondo expresa que tenemos el deseo de ocultar por no querer
cambiar nuestros estilos de vida. Lo anterior son solo ejemplos, y si nos ponemos
a pensar en todo lo que acarrea la falta de esperanza en nuestras vidas, saldrían
muchos ejemplos más.
En resumen, lo que quiero
transmitir es que nunca hay que perder la esperanza a pesar de lo que suframos
o creamos. Convirtamos el sufrimiento en una razón más para ser fuente de
esperanza al mundo independientemente de nuestras creencias. Sé que en el fondo
hay casos super complicados los cuales no menosprecio y que incluso yo poniéndome
en ese lugar para mí sería muy complicado vivir o mantener esperanza, sin embargo,
no dejaría de luchar. Raví Zacarías
citaba a una joven en una de sus conferencias llamada Annie Johnston Flint, la
cual quedó huérfana, ciega, tenía artritis reumatroide (es una forma de artritis que causa dolor, inflamación, rigidez y pérdida de la función de las articulaciones),
vivió en pañales la mayor parte de su vida y ella escribió:
“Él da más gracia, cuando las
cargas crecen, envía más fuerza, cuando aumentan los trabajos, a la aflicción añadida,
añade su misericordia, a los juicios multiplicados, multiplica su paz. Cuando
hayamos agotado nuestra tienda de resistencia, cuando nuestra fuerza ha fallado
y el día está medio hecho, cuando llegamos al final de nuestros recursos, la
completa donación de nuestro padre apenas ha comenzado [pues] su amor no tiene límite,
su gracia no tiene medida, su poder no tiene limites conocidos para el hombre,
porque de sus infinitas riquezas en Jesús Él da, y da y da de nuevo”
Finalizo con lo siguiente:
“Él nos consuela en todas
nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros
pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha
dado a nosotros. Pues, cuando más sufrimos por Cristo, tanto más Dios nos colmará
de su consuelo por medio de Cristo. Aun cuando estamos abrumados por
dificultades, ¡es para el consuelo y la salvación de ustedes! Pues, cuando
nosotros somos consolados, ciertamente los consolaremos a ustedes. Entonces
podrán soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros” 2
Corintios 1:4-6 NTV

Mientras haya vida hay esperanza. :-) Eso Jona :-)
ResponderBorrarAsí es!! 💪😊 Muchas gracias por leerlo amigo!😊
BorrarHermosa historia. Gracias por compartirla
ResponderBorrarCon gusto gracias a vos por leerla.
BorrarDios siempre da fuerza a las personas de noble corazón. Nunca los deja solos, por más que así lo crean.
ResponderBorrarAsí es 💪😊
BorrarAprendí que cuando nos caemos, y perdemos la esperanza, el mundo sigue su curso, es perder el tiempo, es mejor limpiarse las lágrimas y tras formar ese dolor en consuelo para otros. 😊
ResponderBorrarAsí es, el dolor hay que canalizarlo de la mejor forma 💪😊
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