Las enseñanzas del ciclismo
Voy rodando a todo pulmón, montañas y llanuras, ignorando el dolor de mis piernas mientras Dios le brinda al corazón la oportunidad de dar una pedalada más. Cada una es una batalla para los que pedalean con alma y corazón, y los victoriosos en estas batallas no son quienes llegan más rápido, sino quienes nunca se rinden.
Los que no se rinden a pesar de las caídas, han topado con sus límites y miedos, probablemente con el mayor de sus dolores, y también desilusiones, pero aun así han decidido concentrarse en cada pedalada para vencer.
Y no se trata sólo de vencer caminos o rutas; se trata de aventurarse con valentía y aprender. El valiente cae, se levanta y dice “aquí voy de nuevo”, porque es consciente del riesgo y esfuerzo que acarrea aquello que ama, pero eso no lo detiene.
Que la prudencia nos permita encontrar mejores caminos, pero no llenarnos de cobardía por temor a otra caída. El temor nos lleva a no asumir riesgos que valen la pena.
El peligro no está en las caídas, sino en la constante duda de nuestras capacidades. Si dudamos de ellas nos quedamos estancados, rodando siempre por los mismos senderos sin llegar a ningún aprendizaje.
Y no, no todo se trata de competir. Se trata de disfrutar las victorias y a la vez enseñar a otros valientes a subir de la mejor forma, ya que las cuestas no están hechas para subirlas solos; están hechas para superarlas juntos.
La victoria no se encuentra en llegar solos a la meta, sino en ser un ejemplo de valentía y humildad para que otros puedan disfrutar el hermoso paisaje de la vida que nos pertenece a todos.
Los que no se rinden a pesar de las caídas, han topado con sus límites y miedos, probablemente con el mayor de sus dolores, y también desilusiones, pero aun así han decidido concentrarse en cada pedalada para vencer.
Y no se trata sólo de vencer caminos o rutas; se trata de aventurarse con valentía y aprender. El valiente cae, se levanta y dice “aquí voy de nuevo”, porque es consciente del riesgo y esfuerzo que acarrea aquello que ama, pero eso no lo detiene.
Que la prudencia nos permita encontrar mejores caminos, pero no llenarnos de cobardía por temor a otra caída. El temor nos lleva a no asumir riesgos que valen la pena.
El peligro no está en las caídas, sino en la constante duda de nuestras capacidades. Si dudamos de ellas nos quedamos estancados, rodando siempre por los mismos senderos sin llegar a ningún aprendizaje.
¿SERÁ “CLETEAR” UNA METÁFORA DE LA VIDA? TAL VEZ SI APRENDEMOS A VER EN CADA CUESTA UNA ENSEÑANZA, ENTENDEREMOS QUE DEBEMOS EXIGIRNOS CADA VEZ MÁS, NO SOLO PARA COMPLETAR PELDAÑOS, SINO PARA SIEMPRE SER MEJORES Y NO CAER EN ZONAS DE CONFORT QUE LLEVEN A LA MEDIOCRIDAD.
Y no, no todo se trata de competir. Se trata de disfrutar las victorias y a la vez enseñar a otros valientes a subir de la mejor forma, ya que las cuestas no están hechas para subirlas solos; están hechas para superarlas juntos.
La victoria no se encuentra en llegar solos a la meta, sino en ser un ejemplo de valentía y humildad para que otros puedan disfrutar el hermoso paisaje de la vida que nos pertenece a todos.

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